El juicio político contra Trump basado en el odio de los demócratas hacia el presidente y la ira por haber sido elegido

Los demócratas de la Cámara votaron el miércoles por la noche para acusar al presidente Trump únicamente por venganza política por haber derrotado a Hillary Clinton y haber ganado la presidencia hace tres años. Este es su verdadero “crimen” ante los ojos de los demócratas.

Los demócratas forzarán esta impugnación partidista e infundada 21 años después de que la Cámara de Representantes impugnara al presidente Bill Clinton en una votación bipartidista.

Los demócratas lo niegan, pero es obvio que su odio hacia Trump es la razón por la que veremos la única acusación puramente partidista en la historia de Estados Unidos.

Reacción de miembros de la prensa ABC, MSNBC, CBS y CNN el día de la elección 2016 cuando Trump ganó.

Desde el momento en que estallaron violentos disturbios en las fortalezas izquierdistas después de que Trump salió victorioso en las elecciones de noviembre de 2016, los demócratas han planeado su juicio político y su expulsión forzada.

La resistencia: destituir al presidente solamente porque no están de acuerdo con su política

“Los demócratas están allanando el camino para acusar a Donald Trump”, informó Vanity Fair el 15 de diciembre de 2016, incluso antes de que Trump fuera inaugurado. Cinco días después, la resistencia declaró: “Podríamos tener la evidencia para acusar a Donald Trump”.

Antes de que los miembros del Colegio Electoral votaran el 19 de diciembre de 2016, las celebridades de Hollywood produjeron un video pidiendo a los electores que manipularan el voto contra Trump. Como electora, la hija de Nancy Pelosi, Christine Pelosi, dirigió un esfuerzo por socavar la votación, un plan respaldado por el gerente de campaña de Hillary Clinton.

Y en lo que tiene que ser el epítome de la lógica torturada, Peter Beinart, de El Atlantic, argumentó que “El Colegio Electoral debería negarle a Trump la presidencia porque si el Congreso lo destituye, Trump podría negarse a dejar el cargo”.

Cuando el Congreso se reunió el 6 de enero de 2017, para certificar la victoria electoral de Trump en 2016, los demócratas se opusieron 11 veces, con nada menos que el ex vice presidente Joe Biden desvelando su “sueño imposible” de bloquear la certificación de los resultados electorales.

Antes de que Trump fuera inaugurado, los demócratas de la Cámara de Representantes, incluidos los representantes John Lewis de Georgia y Jerrold Nadler de Nueva York, declararon a Trump un “presidente ilegítimo”. El representante Jamie Raskin, demócrata de Maryland, propuso la destitución (sin motivo alguno) el 15 de enero de 2017. Aproximadamente 70 miembros demócratas de la casa de representantes boicotearon la toma de posesión de Trump.

Minutos después de la toma de posesión del presidente Trump, el Washington Post informó que la campaña de los demócratas para destituir al presidente Trump había comenzado.

Los izquierdistas enfurecidos cortaron una franja de destrucción a través de Washington, incendiando automóviles, rompiendo ventanas e hiriendo a agentes de policía.

Madonna admitió: “He pensado muchísimo en reventar la Casa Blanca”.

El Spectator, una publicación británica, publicó un artículo titulado: “¿Donald Trump será asesinado, golpeado o simplemente acusado?”

Diez días después de la toma de posesión de Trump, Mark Zaid, quien ahora es el abogado del falso denunciante de Ucrania, tuiteó el “el golpe de estado ha comenzado” y que “las acusaciones seguirán”.

Para mayo de 2017, apenas cuatro meses después de la presidencia de Trump, numerosos demócratas discutían abiertamente (sin motivo alguno) sobre la destitución.

El representante Al Green, demócrata de Texas, pidió la destitución del presidente Trump en la Cámara de Representantes el 17 de mayo de 2017 (sin motivo alguno). Pocos días después, la comediante Kathy Griffin publicó un video de sí misma sosteniendo una réplica de la cabeza sangrienta y cortada de Trump. Unos días después de eso, Johnny Depp preguntó a una multitud: “¿Cuándo fue la última vez que un actor asesinó a un presidente?”.

El personal (de Obama) escucha devastado mientras Obama habla sobre los resultados electorales.

En julio de 2017, la destitución del presidente a través de la Enmienda 25 pasó de ser una fantasía de izquierda a una idea que los medios consideraron seriamente.

“Nos libraremos de él”, intervino Zaid nuevamente, y agregó: “Predigo que CNN jugará un papel clave en que Donald Trump no termine su mandato completo”.

En agosto de 2017, la representante Maxine Waters, demócrata de California, apareció en “The View” de ABC para dejar en claro que “el único motivo que se postulaba era para destituir a Trump”(sin motivo alguno). La revista Glamour la nombró Mujer del Año.

En octubre de 2017, el multimillonario mega donador demócrata Tom Steyer, ahora candidato presidencial demócrata, lanzó una campaña publicitaria de televisión nacional en apoyo de la destitución (sin motivo alguno).

Al Green presentó artículos de juicio político en el piso de la Cámara de Representantes (sin motivo alguno). Unas semanas más tarde se le unieron más demócratas, incluido el representante Steve Cohen, demócrata de Tennese. Un total de 58 demócratas votaron por la destitución del presidente en diciembre de 2017 (sin motivo alguno). Luego, 66 demócratas votaron por la destitución en enero de 2018 (sin motivo alguno).

Antes de las elecciones de 2018, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, demócrata de California, hizo todo lo posible para ocultar las intenciones de sus colegas. Ella afirmó que el juicio político no era una prioridad para los demócratas, y prometió que antes de que el juicio político pudiera ocurrir, “tendría que ser bipartidista, y la evidencia tendría que ser muy concluyente”.

Las cosas cambiaron después de que los demócratas obtuvieron el control de la Cámara de Representantes y el Escuadrón Socialista tomó el control en 2019.

Momentos después de que fue juramentada en el Congreso, la representante Rashida Tlaib, demócrata de Michigan, desató una diatriba que fue captada en video: “¡Vamos a entrar allí y vamos a acusar al hijo de p…!” “Su campaña puso esta frase en una camiseta.

El 17 de julio de este año, antes de la publicación del informe Mueller y antes de la llamada telefónica de rutina del presidente Trump con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky, que se está utilizando absurdamente para justificar la destitución de Trump, el número de demócratas de la Cámara de Representantes que apoyan la destitución llegó a 95.

Entonces, por fin, llegó el momento. El abogado especial Robert Mueller, el mesías de la resistencia, estaba listo para emitir su informe y testificar ante el Congreso. Completo su investigación (iniciada falsamente) de casi dos años y los demócratas esperaban que tuviera las pruebas de la supuesta colusión traidora de Trump con Rusia para ganar las elecciones de 2016.

En realidad, el informe de Mueller fue un fracaso, y el testimonio de Mueller fue un desastre para los demócratas. El mentiroso principal de la conspiración de colusión, el Representante Adam Schiff, demócrata de California, iba a tener que encontrar una forma diferente de “enviar a ese charlatán de la Casa Blanca de regreso al trono dorado del que vino”.

El 28 de agosto de este año, 12 días antes de que un inspector general informara al Comité de Inteligencia de la Cámara sobre una denuncia de denunciante no especificada, Schiff tuiteó:

“Trump está reteniendo ayuda militar vital a Ucrania, mientras que su abogado personal busca ayuda del gobierno de Ucrania para investigar su oponente político”. La trama nunca cambió, porque esta farsa de juicio político fue manipulada desde el principio.

Sabemos que Schiff mintió sobre su contacto con el “falso denunciante”, pero aún no sabemos el alcance de su colusión, no sabemos que tanto tubo el que ver con este nuevo invento de los demócratas. A juzgar por el tweet de Schiff, fue significativo. A pesar de la evidencia revelada en horas y horas de testimonio que dejo clarísimo que el presidente Trump no hizo nada malo, al contrario, los demócratas se han quedado con el falso escándalo que Schiff orquestó en agosto de este año (2019).

No se equivoquen: esta acusación no se trata de ayuda a Ucrania. Ni siquiera se trata de evitar que se exponga la corrupción de Joe Biden. Esta acusación es sobre una cosa y solo una cosa, tal como lo ha sido desde antes de que Donald Trump incluso asumiera la presidencia: el odio.

Odio porque Hillary Clinton no hizo campaña en Wisconsin. Odio de que los estadounidenses no se ven obligados a recibir sus noticias de los medios de comunicación falsos. Odio que Donald Trump haya burlado a los Clinton y a todo el establecimiento de Washington en un solo ciclo electoral. Odio porque Trump demostró que los expertos no son expertos en absoluto. Odio porque la economía de Estados Unidos está estableciendo récords en lugar de caer en recesión. Odio que el presidente Trump pone a Estados Unidos primero.

Los demócratas odian al presidente Trump. Y si bien su destitución por parte de la Cámara es un triunfo para ese odio, las encuestas indican que la gente está furiosa y la mayoría de los estadounidenses no están de acuerdo con las cochinadas políticas que están haciendo los demócratas. Los estadounidenses ven claramente lo que está sucediendo, ven muy bien la farsa y muy pronto van a expresar sus opiniones en las elecciones de noviembre de 2020.

¿Los demócratas finalmente aceptarán los resultados entonces? No cuentes con eso.